Bueno, ha llegado el momento de una reflexión. Mi visión personal sobre uno de esos momentos que todos hemos vivido. Las despedidas. Recientemente me ha tocado despedirme de un par de personas cercanas, muy especiales. Ese tipo de amigos que cuesta muchos años encontrarlos, y cuesta no menos años reconocerlos como lo que son, personas insustituibles. Sin embargo, de la noche a la mañana pueden irse. Entonces tienes la sensación de que cuesta mucho menos perderlos que encontrarlos. Aunque en realidad sabes que siempre estarán ahi, quizás no al cruzar la esquina pero sí a tu lado.
Así que, nuevamente me ha tocado despedirme. No he sacado ninguna conclusión nueva sobre ese nefasto encuentro salvo que, para un solo día, dos despedidas son demasiado. Así que no os lo recomiendo. Igual que tampoco recomiendo dejar nada para ese último instante. Hay que decir y expresar todo lo que llevas dentro antes de que llegue el momento de decir "Adiós" o "Hasta pronto". Y es que, parece, que será fácil decir lo que piensas. En tu mente, te imaginas el momento y se te ocurren frases fantásticas para desearle suerte, recordar grandes momentos y hablar de lo que os vais a echar de menos. Pero luego, con dificultad te aguantas las lágrimas y luchas porque no se te trabe la lengua. Ese maldito nudo en el estómago y la bola en la garganta se alían en tu contra.
Realmente no te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes. Es por eso que algunas despedidas se hacen más duras que otras. No es necesario perder a alguien por completo. Basta con alejarte y saber que ya no os vais a poder encontrar una tarde cualquiera, sino solo en momentos contados. Así que, cuanto más dura se hace la despedida, mayor es el nexo que os une. A veces, incluso, diría que te das cuenta cuán cerca estabas de alguien al despedirte de él. Y es que las despedidas inocuas solo pueden ser resultado de relaciones superficiales. Al final se podrá extraer algo positivo de todo esto.
En mi caso, llevo toda la vida despidiéndome, y es que esté dónde esté siempre me falta alguien. Es difícil asumir que jamás tendrás a los tuyos unidos, pero es así. De alguna manera he intentado hacerme impermeable a las despedidas. Sin éxito. No puedes acostumbrarte jamás a despedirte. Hay personas, a veces incluso personas muy pequeñitas, de las que te despides una y otra vez. Sin saber por qué hay un día que lo haces una vez más y es como si se te cayese el alma a los pies, como si fuese la primera vez. Pues es así y parece que no queda otra que aceptarlo. Y yo me pregunto, ¿qué es más duro dejar atrás a tu familia, a tus amigos o a tu pareja?
Menos mal que después de una despedida, antes o después siempre llega un esperado reencuentro.


