Iniciamos en Amsterdam nuestra escapada por Europa. Una ruta al mas puro estilo interrail. Y que mejor manera de estrenar la sección viajera del blog.
Todos los viajes suponen una experiencia única, un aprendizaje, un paso más en definitiva. Para algunos viajar es algo necesario, básico. Para otros quizás tan solo una manera de llenar los días de parón laboral. Yo me incluyo en el primer grupo.
En cualquier caso para gustos, colores. Existe un destino para cada uno de nosotros. Solo hay que saber encontrarlo. Como? Desde luego no es sencillo y posiblemente nos llevarà varios intentos conseguirlo. Pero fijaros que con este gesto inicial ya estamos aprendiendo algo. Y que nadie se sorprenda, un viaje se disfruta antes, preparandolo e imaginandolo, durante, viviendolo, y después, recordandolo. Cual de las tres fases te aporta mas es algo que sigo intentando descifrar. Así que habrá que seguir viajando, que remedio!
Centremonos en Amsterdam. Todos hemos oído hablar de ella. Y es normal, claro. Un oasis de tolerancia en temas como el sexo y las drogas en medio de este mundo incoherente brilla con luz propia. Por muchos detalles que te hayan dado y muchas historias que hayas oído al final las primeras luces del barrio rojo acaban por deslumbrarte. Y es que el escaparate sexual que suponen los cuerpos semidesnudos en primera línea de calle es impactante. Tan impactante como el variado público que desfila por allí. Parejas de entrada edad paseando como si de cualquier otro sitio se tratará, jóvenes que observan sin poder aguantar la mirada ni la sonrisa, vecinos que pasan con sus bicicletas y si estas atento incluso se divisa alguna sombra que se escabulle dentro de la minúscula sala que queda custodiada por una cortina roja.
Al fin y al cabo lo que se respira es tranquilidad, libertad y mucha normalidad. No es la prostitución el más antiguo oficio del mundo? Y si va a seguir ahí no es mejor ofrecerle a quienes lo ejercen una manera digna de hacerlo? Desde luego prohibirlo, censurarlo y arrastrarlo a la ilegalidad mientras se bromea sobre ello en la sobremesa, es algo más que hipocresía. Son hechos como estos los que provocan que a veces sea complicado aceptar que somos animales inteligentes.
Otro momento interesante se produce al entrar en un coffeeshop. Una experiencia que por desgracia parece tener los días contados. Cuando miras la carta y lees entre cafés y zumos los productos estrella, joint, magic brownie, space muffin o happy mushroom, aparece una sonrisa contagiosa que no te abandona hasta la mañana siguiente.
Algunos pensaran que en una ciudad así la violencia, las rellertas y la suciedad se acumularan por los rincones. Nada mas lejos de la realidad. Al llegar a la ciudad se sufre una agradable sensación que no se tiene en ninguna otra gran urbe. La entrada a la ciudad no es tosca y oscura. El color verde se alterna con los canales para configurar el paisaje desde el aeropuerto. Una vez en el centro la belleza y el encanto de los edificios centenarios y asimétricos confirman que este no es un sitio más. Los interminables canales y las innumerables bicicletas te dan la bienvenida a Amsterdam.
Todos los viajes suponen una experiencia única, un aprendizaje, un paso más en definitiva. Para algunos viajar es algo necesario, básico. Para otros quizás tan solo una manera de llenar los días de parón laboral. Yo me incluyo en el primer grupo.
En cualquier caso para gustos, colores. Existe un destino para cada uno de nosotros. Solo hay que saber encontrarlo. Como? Desde luego no es sencillo y posiblemente nos llevarà varios intentos conseguirlo. Pero fijaros que con este gesto inicial ya estamos aprendiendo algo. Y que nadie se sorprenda, un viaje se disfruta antes, preparandolo e imaginandolo, durante, viviendolo, y después, recordandolo. Cual de las tres fases te aporta mas es algo que sigo intentando descifrar. Así que habrá que seguir viajando, que remedio!
Centremonos en Amsterdam. Todos hemos oído hablar de ella. Y es normal, claro. Un oasis de tolerancia en temas como el sexo y las drogas en medio de este mundo incoherente brilla con luz propia. Por muchos detalles que te hayan dado y muchas historias que hayas oído al final las primeras luces del barrio rojo acaban por deslumbrarte. Y es que el escaparate sexual que suponen los cuerpos semidesnudos en primera línea de calle es impactante. Tan impactante como el variado público que desfila por allí. Parejas de entrada edad paseando como si de cualquier otro sitio se tratará, jóvenes que observan sin poder aguantar la mirada ni la sonrisa, vecinos que pasan con sus bicicletas y si estas atento incluso se divisa alguna sombra que se escabulle dentro de la minúscula sala que queda custodiada por una cortina roja.
Otro momento interesante se produce al entrar en un coffeeshop. Una experiencia que por desgracia parece tener los días contados. Cuando miras la carta y lees entre cafés y zumos los productos estrella, joint, magic brownie, space muffin o happy mushroom, aparece una sonrisa contagiosa que no te abandona hasta la mañana siguiente.
Algunos pensaran que en una ciudad así la violencia, las rellertas y la suciedad se acumularan por los rincones. Nada mas lejos de la realidad. Al llegar a la ciudad se sufre una agradable sensación que no se tiene en ninguna otra gran urbe. La entrada a la ciudad no es tosca y oscura. El color verde se alterna con los canales para configurar el paisaje desde el aeropuerto. Una vez en el centro la belleza y el encanto de los edificios centenarios y asimétricos confirman que este no es un sitio más. Los interminables canales y las innumerables bicicletas te dan la bienvenida a Amsterdam.

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